Cuando me vieron, escuché unas palabras motivadoras para mí. Escuché que decían que lo único valioso en la bolsa era yo, o eso le entendí a la chica del grupo mientras observaba a uno de los hombres con una cara que interpreté como súplica. Así que el hombre asintió y del bolsillo sacó una moneda, con la cual se acercó al dueño de la tienda, pagó, le agradecieron y posteriormente me tomaron.
Puf, en principio me sentí ofendido porque: ¿Osea, cómo se atreve el dueño del local a ponerme en una bolsa con un valor de un euro? ¡Qué horror! ¿Osea tan poco podía apreciarme? Puf, qué malagradecido, ya ni porque lo ayudé a que el local pareciera una tienda de productos de lujo... Puf. Pero en ese momento lo olvidé porque recordé que por fin salía de la tienda.
Así que en ese momento me sentí feliz, mi corazón estaba feliz: estaba a punto de conocer qué había más allá de la tienda de variedades. Después de pagar, me voltearon a ver las tres personas: la chica que se veía súper linda, el chico alto bien vestido y un chico delgado de cabello negro, completamente negro, expectantes de mi figura y forma. En ese momento, nerviosamente, puse una sonrisa tensa pero firme, decidido a que no me regresaran jijiji.
Solo noté que, mientras me sostenía la chica, iban rompiendo la bolsa transparente para sacarme y tomarme en sus brazos mientras guardaba las otras dos cosas que venían en la bolsa, y me colocó en la bolsa de frente de una mochila color menta con estrellitas que tenía con ella.
Luego volví a poner mi sonrisa tensa como si quisiera que no notaran que estaba nervioso, y escuché que el chico de pelo negro le preguntó a la chica:
—Oye, ¿y por qué lo pones en la primera bolsa de la mochila? Se nota que no cabe ahí, le sobresale la cabeza, aunque parece como si observara o se asomara.
—Porque se ve bonito y es para que a la gente le cause curiosidad, gracia o interés ver a un peluche asomándose de una mochila. Es divertido y se ve bonito, además se ve súper lindo ahí.
Al escuchar eso, mi carita se iluminó. Nunca esperé escuchar palabras que me hicieran sentir lindo y como todo un aventurero al ir observando todo mi alrededor desde la comodidad de una mochila. Así que ahí estaba yo, observando desde la mochila todo a mi alrededor, conociendo lo que era estar afuera de la tienda.
Al salir de la tienda, observaba con curiosidad los árboles del camino, las personas en bicicleta y un letrero que decía Murcia del Carmen. Luego, lo único que observé en ese momento fue la tienda donde vivía, cada vez más pequeña y alejada mientras caminábamos cada vez más lejos de ella. No sabía a dónde íbamos, pero quería descubrirlo.
Y cuando menos lo esperaba, noté una escultura rara. No sé por qué, pero me pareció una cubeta con agua o una cosa para almacenar agua gigante, y a su lado había un edificio con un letrero que decía: Estación Murcia del Carmen. Estábamos en una estación de trenes. ¡Wow… qué aventura me espera! Nunca me he subido a un tren y esta sería mi primera vez. El destino: las playas de Alicante, por lo que escuché. Wuu, qué emocionante. La primera vez que vería el mar en vivo y directo.
Había escuchado a las personas, cuando iban a la tienda, hablar del mar y ver fotos de revistas o de los productos. Incluso a mi fabricante hablar de cómo, al concretar el viaje de mis hermanos y yo a las tiendas y diferentes países, iría de vacaciones a la playa con su familia. Solo que no pude ver el mar al viajar en cajas en ese tiempo… puff.
Bueno, es hora de relajarme. Ooo, parece que ya vamos a abordar el tren. Supongo que ese es el tren y esa es la parada del tren. Veré a dónde me llevan estos humanos.

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